Pertenezco a una gran familia, que, según los datos constatados en los documentos de la iglesia que lo justifican, vivían en casasuertes desde los años más o menos 1777. Mis Tatarabuelos Paternos y Maternos, Bisabuelos Paternos y Maternos, Abuelos Paterno y Maternos, vivieron en Casasuertes. Mis Padres : Bonifacio Reyero Riaño y Marcelina Díez Rodríguez. Vivieron siempre en Casasuertes en esta casa hasta que se vieron obligados a irse a Madrid. Nací dentro de una familia numerosa de 15 hermanos, en la actualidad vivimos doce, nos dejaron Rosario, Jesús y Justo.

Zacarías Reyero Díez Riaño Rodríguez. ( 26/05/1928). Jesús Reyero Díez Riaño Rodríguez .( 04/01/1930). Daniel Reyero Díez Riaño Rodríguez. ( 11/12/1932). Marino Reyero Díez Riaño Rodríguez. (26/01/1934). Cristina Reyero Díez Riaño Rodríguez. (18/07/1936). Carmen Reyero Díez Riaño Rodríguez. (14/06/1938). Idelfonso Reyero Díez Riaño Rodríguez. (23/01/1943). Angelines Reyero Díez Riaño Rodríguez. (02/09/1941). Avelina Reyero Díez Riaño Rodríguez. (10/11/1942). Antonio Reyero Díez Riaño Rodríguez. (07/06/1944). Justo Reyero Díez Riaño Rodríguez. (10/11/1945). Marcelina Reyero Díez Riaño Rodríguez. ( 08/10/1947). Rosario Reyero Díez Riaño Rodríguez. (07/10/1949). Rosalía Reyero Díez Riaño Rodríguez. (16/01/1951). Faustina Reyero Díez Riaño Rodríguez. (18/09/1953

De mi infancia tengo pocos recuerdos y los que tengo son agradables. He sido una niña feliz, y sobretodo, muy traviesa y tremendamente curiosa. No tengo traumas de la niñez, quizás porque era una niña muy protegida por tantos. El que me llame como mi madre, le gustaba a ella contarme, que cuando nací tenia una cara rellenita y con bastante peso, al verme mi padre le dijo : " Marcelina ésta se va a llamar como tú ". A ella la llamaban Marcela y a mi Marce. Todos los días le llevaba el periódico que llegaba a casa de mi Padre que era alcalde a D. Joaquín el Maestro que se hospedaba en casa de Tío Pedro. En la escuela me pasaba muchos ratos de rodillas con dos libros sujetándolos con la mano, acompañada casi siempre por mi prima Nati. El profesor era muy severo y estricto, pero más temía que se ausentara porque le remplazaba mi hermano Zacarías y entonces no podía extralimitarme. A la escuela no se podía faltar; era una institución seria. Mi tío Marcelino mandaba material para la Escuela. Las nevadas, que eran grandes, tampoco impedían asistir a clase.Era sagrado los niños teníamos claro que a la escuela y a la misa no se podía faltar. Todos los niños asistían.

Recuerdo que estuve enferma y aunque no teníamos muchos medios en los pueblos, los cuidados que tuvieron conmigo fueron estupendos. No me acuerdo ni la enfermedad que padecía, creo que fueron problemas de hígado. Tenía comidas especiales, y venía mucha gente a verme. Recuerdo que estuve enferma y aunque no teníamos muchos medios en los pueblos, los cuidados que tuvieron conmigo fueron estupendos. No me acuerdo ni la enfermedad que padecía, creo que fueron problemas de hígado. Tenía comidas especiales, y venía mucha gente a verme. En realidad hasta mis hermanos me envidiaban.

La relaciones con mis hermanos eran buenas, sentía un especial cariño por Fonso. Me traía caramelos cuando bajaba a las fiestas, y yo en cambio, le proporcionaba tabaco y papel para hacerse un cigarrillo. Yo era la encargada, después de comer, de bajarle a mi padre un cigarro, entonces aprovechaba el momento para a escondidas bajárselo también a Fonso. Por mi hermano Zacarías sentí una fuerte pasión, pero al casarse sentí que lo había perdido. Entonces me refugié en Fonso. Éramos una piña para todo y sobretodo a la hora de hacer trastadas, los mayores cuidaban de los pequeños, no intervenían mis padres, salvo que la cosa fuese gorda. Las pequeñas también éramos las que acompañábamos a las mayores cuando rondaban los mozos. No podían pasease con los chicos solas. Hacíamos de guardaespaldas. Algunas veces se buscaban ellas las mañas para hacernos desaparecer. Era muy inocente y lo que me decían lo creía a pie juntillas, la mayoría de las niñas éramos así. Mi único pecado era el de escabullirme y no hacer un recado. En realidad éramos muchos y a otro le tocaría .y el mundo seguiría moviéndose. Un verano cuando yo tenia 12 años, pasaron unas monjas Dominicas por los pueblos hablaron con los padres y acordaron mandarnos a Madrid al colegio. Ibamos niñas de Casasuertes, Cuénabres, Retuerto, Vegacerneja, Burón, Liegos, Lario, Riaño, Salio, Los Espejos, Siero, y Valverde.

Lo tomé como una curiosidad. Sin ningún trauma, salíamos del pueblo sin saber lo que nos esperaba en el futuro. Muchas regresaron pronto al pueblo respectivo.

Unas poquitas siguimos la aventura , primero en Madrid y después pasamos a Francia. Allí cumplí los quince y los 20 años.

Con catorce años decido formarme para ser religiosa, en la Organización de las Hermanas Dominicas en Aveyron (Francia). El viaje lo hicimos un grupo seleccionado de muchachas que las monjas habían recogido en los pueblos de Castilla León. Venía conmigo Brígida ( Los Espejos) de un pueblo cerca del mío. Las otras compañeras decidieron volverse para casa. Llegamos al convento y el único recuerdo desagradable que tengo fue el momento de entrada al comedor. El silencio profundo que reinaba y la comida a base de zanahoria cruda y filetes de carne por los que corría la sangre me impresionaron. Con mucho sacrificio lo comí. Poco a poco me fui acostumbrando, ya que no me acuerdo que eso me hubiera pasado más. Al resto no me fue dificil adaptarme.

Era una niña muy transparente con muchas ganas de saber y hacía verdaderos esfuerzos para aprender a no sentirme aislada dentro del grupo. Cuando no te quedan gravados traumas es que todo lo ibas asimilando y todo iba sobre ruedas.

Allí aprendí muchas cosas nuevas. En el tema religioso quedaron reforzadas mis más profundas creencias religiosas ya que mis padres me habían educado en esas convicciones religiosas. Era una niña con personalidad, no era una beata. Era muy realista, y no comulgaba con piedras de molino. Lo blanco era blanco y lo negro continuaba siendo negro.

Después me trasladaron a Montrouse (París) allí me prepararon para entrar en la escuela de Enfermeras. Una monja española nos daba clases. Las tres españolas que habían venido conmigo decidieron irse para España. Me quedé sola, pero yo estaba muy adaptada y estaba feliz.

Conseguí entrar en la Escuela de Enfermeras de París, pero cuando el curso requirió prácticas me trasladaron a una Clínica que la congregación tenia en Toulouse y me incorporé a la escuela de enfermeras de Toulouse. No tuve ningún problema, tenía mucha facilidad para adaptarme. Ningún trauma me debió causar porque no me quedó reflejado en mis recuerdos.

Hacía compatible mis estudios y ayudaba a la comunidad, la directora de la clínica era una monja de las que te quitas el sombrero ante ella como dicen los franceses, una mujer con agallas a las que te gustaría parecerte, sin embargo la superiora de la congregación en Toulouse, tenía unas ideas muy anticuadas era muy mayor y no se había reciclado, pero bueno, sabemos que en la vida debemos tener las cosas claras para no salirnos de un término medio. Lo que es claro es que yo era feliz. Los enfermos me llenaban de profunda satisfacción agradeciendo mis cuidados y al entregarme a ellos me sentía feliz.

Tenía mucha relación con los españoles que vivían en Toulouse iba a misa a la parroquia española y también a reuniones de la parroquia para ayudar a las buenas relaciones con ellos. Llegué a escribir sobre ese tema en la revista parroquial, lo que me costó una reprimenda de mi superiora porque no le pedí permiso. Actuaba tan limpiamente que no veía maldad en hacerlo.

Me llamaron al orden otra vez cuando me fui a un concierto de música "negros espirituales" a los que me había invitado una familia española cuyo padre estaba ingresado en la clínica. Sus hijos tenían un restaurante en Toulouse, yo ni corta ni perezosa me fui al concierto vestida de monja. No puse en ello ninguna maldad. Pero me costó una reprimenda. Y con casi toda seguridad fue el motivo de mi nuevo traslado a Montrouse ( París).

De nuevo maletas y ningún problema con la adaptación puesto que ya conocía a todas mis compañeras. El terreno era conocido y me incorporaba a la misma escuela de enfermeras que ya conocía.

En esa vuelta a París algo se había grabado en mi que yo no he debido aceptar con la sumisión requerida. Al llegar el verano pedí permiso para venirme a España a la boda de mi hermana Angelines, nos reuníamos todos los hermanos ( falte yo solo) y no me lo permitieron. Casualidades de la vida, el mismo día que se casaba mi hermana, se casaba un hermano de una compañera. A media tarde la vi que salía a la calle y le pregunté dónde iba y me contestó que a la boda de un hermano suyo. Por mi mente desfilaron todos los pensamientos del mundo. Daba la casualidad que mi compañera pertenecía a la alta sociedad francesa. Nos dejaban en veranos los chales que tenían en Chamonix ( de una preciosidad impresionante). Me sentí menospreciada por no ser niña rica y esa misma tarde sin reflexionar subí al despacho de mi superiora y le dije que me venía para España que me preparara los papeles .

Me intentaron disuadir, que reflexionara que intentara coger un tiempo de reflexión. No me paré a pensarlo. Me sentía muy ofendida, pienso también que desde mi traslado de Toulouse no me sentía yo bien, y cualquier cosa que ocurriera podría provocar mi salida del convento.

Esta ha sido la primera de mis decisiones mal tomada, no por la salida del convento sino por la rapidez y la poca reflexión que le he dado a una decisión tan importante en mi vida.

Si saco una conclusión de los años que pasé en el convento. Son los años más felices de mi vida. Era ingenua, inquieta, curiosa, pero también era muy consecuente con mis ideas y no entendía muchas cosas. Empezaba a hacerme preguntas y aunque acababa de cumplir los 20 años (que me hicieron una fiesta muy emotiva) creo que estaba pasando la pubertad con años de retraso.

Guardo un recuerdo maravilloso, sólo me reprocho mi ímpetu al tomar decisiones tan importantes. Lo malo que no va a ser la última. En mi vida ha habido varias, de todas me he arrepentido pero no he mirado para atrás y he salido del error lo mejor posible.

Si la vida me diera una oportunidad para volver a empezarlo repetiría todo igual hasta la víspera de tomar la decisón de irme del convento, que la volvería a tomar pero de otra manera.

 

El dejar los Hábitos en aquella época estaba mal visto era un fracaso para la persona que lo hacia y una vergüenza para la familia, pensando que mi familia no iba a aceptar les escribí contándoles mi decisión y les decía que volvía a casa si lo aceptaban sino me quedaba en Francia. Me contestaron que me aceptaban lo que yo no podia pensar que en el fondo siempre abría un poco incomprensión, de saberlo no hubiera vuelto a España. Me he perdido muchos episodios de mi familia y me sentia aislada . En ningún momento me sentía fracasada, mis años en el convento fueron tan felices que muchas veces los recuerdo con alegría.

De nuevo entre los míos. Las monjas se portaron muy bien conmigo. Me prepararon ropa y un poco dinero. La verdad que me trataron con muchísimo cariño y me dejaron las puertas abiertas por si quería volver otra vez con ellas como seglar.
Para no ser una carga para los míos me puse a trabajar en una pastelería. Todos mis hermanos trabajaban. Y otra vez me demostré a mi misma que era capaz de adaptarme a las nuevas circunstancias. Primer error en España al año y medio de venirme de Francia me casé, era el 3 de Marzo del año 1971. Tenía 22 años. Vino un niño muy pronto. Dedicada a mi nueva familia ya no pensaba en mis necesidades, en mis deseos, no me quedaba tiempo en valorar si las decisiones que había tomado habían sido buenas o malas para mi. Seguía la rueda que me llevaba como por inercia. Era incapaz de analizar mi situación por miedo a despertar. De lo que me acuerdo es que entre tanta gente yo me sentía sola. Creo que me confundí en la elección de pareja, pero tenía que tirar adelante y seguir rodando, me gustara o no. Montamos un negocio de transporte y entonces me volqué en ayudar a mi pareja a ponerlo en marcha. Eso, más los deberes familiares me hacían olvidar si yo me sentía realizada, o si era feliz. Procuraba que los míos me vieran feliz, y seguía soñando y soñando…a veces los sueños creia que eran realidad, pero de pronto despertaba y cuánto hubiera dado porque alguien me rescatara de ese infierno en el que por hacerlo mal o no tomar decisiones adecuadas yo solita me había metido en un laberinto. He sido siempre muy inquieta pero con ideas muy claras y con mi propia personalidad mi pareja era muy diferente a mi, me resistía a dejarme llevar y cambiar mi forma de ser. La verdad de mi separación no la sabrá nadíe nunca pero lo que es cierto que algo muy fuerte ha ocurrido en mi para tomar la decisión de salir de casa con los niños y lo puesto. lo material no le he dado nunca valor, para mi pareja era fundamental. Mientras tanto, la vida seguía. El negocio y los niños me ocupaban todo mi tiempo y trataba de disfrutar de las cosas buenas que me ocurrían. Los bautizos y las comuniones de los niños, las celebraciones especiales, como la boda de mi hermano Justo (1977) de la que fui madrina y recuerdo como día inolvidable en mi vida, estaba enbarazada de tres meses de mis hijas gemelas.

En esa época tuve una perdida irreparable la de mi padre. Estaba muy compenetrada con él. Sentía su protección, era un ser especial, (murió en el 1981). Fue un palo para mi muy grande, cuando le llevaba para el hospital que ya estaba inconciente, le pedía “que no me dejara que lo necesitaba”. A la entrada del hospital murió. Esos días fueron muy duros.

Los problemas me endurecieron de forma que cuando tomé la decisión de separarme e irme de mi hogar con las cuatro niños y renunciar a todo lo que tenía material, (lo único valioso que teníamos eran mis cuatro hijos, dos niños y dos niñas con 12-10-6-6 años) me pareció mentira que fuera capaz de ser tan fuerte. Creo que el problema mío era el de tomar decisiones pequeñas, porque las grandes decisiones las bordaba.Tenía todo en contra mía, todo menos mis hijos. Para mi familia no era una decisión que les gustara puesto que era la primera separación en la familia. Me he volcado desde entonces para que a mis hijos no les faltara de nada a nivel emocional y a nivel económico. Ha sido duro volver a empezar. Había recuperado mi espacio que me servía para respirar, mi aire no contaminado por nadie, era únicamente mío. Mis hijos eran el pilar que me mantenía en pie, eran todo lo que tenía (mis preocupaciones y mis alegrías). Tuvimos una época un poco dura hasta que yo logré situarme profesionalmente, enseguida lo he conseguido a base de tenacidad y esfuerzo. Como consideraba que lo mas importante era resolver el problema económico y ello me obligaba a trabajar mas de diez horas diarias tube que recurrir a una amiga que me supliera en esos labores para yo estar más libre. Mis hijos estaban bien atendidos. Ella es tan importante en sus vida que la llaman la "segunda madre". Otra persona que tambien ha imfluido mucho en ellos es su Tía Vitória que ha sido una madraza con sus hijos y los míos, ella les enseñó a querer a Casasuertes el pueblo de su madre, así ellos tienen el cariño que tienen por el pueblo, que a su vez se lo están inculcando a sus hijos.

 

Mis hijos y yo pasamos momentos difíciles, pero ¡cuánto los respeto! porque en todo momento han confiado en mí, siempre he notado su apoyo y en ese momento sentía de una forma impresionante su protección. Mientras ellos dependieron de mi éramos una piña, para apoyarnos y ayudarnos todos. Han respetado mis decisiones, y todos nos uníamos si alguno se descarriaba, el apoyo nuestros lo tenía asegurado para ayudarle a seguir. Las separaciones son una solución buena para los mayores, pero ¿y para los niños?.Los adultos que no sabemos comportarnos ante una decisión tan seria con los niños le hacemos mucho daño, ellos no quieren nada más que seguridad y les produce un desequilibrio la ruptura de sus padres y si a eso se añade a unos padres inmaduros que primero miran su economía y después arrebatar los sentimientos de esos niños a uno de los cónyuges, después complacer al niño llevando la contraría a la otra parte en lugar de siempre pensar en la educación o sentimientos de los niños, y al final conseguimos solo inseguridad para los niños, alejarlos de seres queridos y producir daños irreparables que ni un buen psicólogo profesional lo puede remediar, sólo la madurez de los padres y los que les dan consejos salva de esos tremendos errores que cometen los adultos. Cuantas veces analizando mi comportamiento he pensado en mis hijos, trataba de darles seguridad, pero que seguridad les podía dar una madre que ella misma no la tenía, ni seguridad laboral ni seguridad sentimental, muy poco apoyo de la familia, después de una relación de quince años fracasada con falta de terapia yo, ¿cómo podía hacer de madre madura con todas las inseguridades que me rodeaban, fue una casualidad que mis hijos sean hoy unos hijos que supieron salir de ese atolladero y sean buena gente para la sociedad. Yo de todas las formas lo he intentado con todas mis fuerzas y por cierto sin nada apoyo de la familia paterna,un poco de la familia materna y nada de las instituciones, en aquella época la mujer maltratada erramos mujeres que se nos cuestionaba "¿que no habrá hecho?". Era fácil hasta que se rieran de ti.

Estoy profundamente agradecida a la familia que me facilitó trabajo, eso y mi fortaleza han hecho que fuera afrontando los problemas que iban surgiendo.